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“La Virgen de Guadalupe evitó que me quitara la vida”: Carlos en La Villita

En ‘La Villita’ se reunieron varios fieles para agradecer a la Virgen de Guadalupe por los milagros cumplidos y para hacer mandas.
“La Virgen de Guadalupe evitó que me quitara la vida”: Carlos en La Villita
Carlos, fiel de la Virgen de Guadalupe en Puebla Créditos: Guillermo Gutiérrez / Diseño Abraham Aguilar

Con 59 años y arquitecto de profesión, Carlos acude en solitario a ‘La Villita’ para agradecer porque la Virgen de Guadalupe le ayudó a evitar que se quitara la vida.

La tarde avanza con el murmullo incesante de miles de voces que se mezclan con el aroma a antojitos y el smog de la ciudad.

Carlos camina despacio entre la multitud que se reúne el 12 de diciembre, día en que Puebla se llena de peregrinos, de mandas y de promesas renovadas. Él avanza solo, con su camisa cuidadosamente fajada y una serenidad que no siempre tuvo.

Cada paso es un recordatorio de lo que estuvo a punto de perder, y también de aquello que, según él, la Virgen de Guadalupe le devolvió: la vida.

Carlos contó a MTP Noticias que él cree en la ‘Morena del Tepeyac’ —como también es conocida— desde los 24 años, cuando culminó la licenciatura. Desde entonces, dice, ha sentido su presencia en distintos momentos, pero ninguno tan decisivo como aquel instante en que tocó fondo.

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Lleva 35 años acudiendo a la iglesia ubicada en la 11 Norte/Sur y la avenida Reforma para agradecer a la ‘Virgen Morena’.

“La Virgen de Guadalupe evitó que me quitara la vida”: Carlos
Fieles reunidos en La Villita, en Puebla Créditos: MTP Noticias / Guillermo Gutiérrez

Los motivos, asegura, son muchos: trabajo, salud, bienestar y oportunidades que, según él, surgieron de forma inexplicable. Pero hay un agradecimiento mayor, uno que carga con la gravedad de lo irreparable: haber evitado que atentara contra su propia vida.

Habla sin rodeos. Aquel momento de oscuridad lo vivió mientras enfrentaba problemas familiares, discusiones y un desgaste emocional que terminó quebrándolo.

“Mis perritos y la Virgen me salvaron, pues ella se me apareció. Fue un gesto muy bonito”, relata con una mezcla de timidez y nostalgia. Lo dice mirando hacia el atrio, como si temiera que al pronunciarlo en voz alta el recuerdo pudiera desvanecerse.

Esa aparición, insiste, llegó cuando estaba decidido a desaparecer del plano terrenal. No da detalles, no los necesita. Basta con escuchar el tono con el que recuerda esa etapa para entender que el peso de los fracasos acumulados lo llevaba a un punto sin retorno. Pero algo pasó.

“Cuando estaba dispuesto ocurrió el milagro”, repite. Por eso hoy, entre danzas, cánticos y plegarias, eleva una mirada agradecida.

‘La Villita’, el espacio donde poblanos van a agradecer a la Virgen de Guadalupe

La calle está llena de comercio popular, garnachas, juguetes, puestos de ropa y artesanías. Las zonas aledañas de ‘La Villita’ vibran con la mezcla de colores, cánticos y risas. El ambiente es de fiesta, pero también de fe.

El acceso para visitar el altar está en la calle Reforma y la salida por la 13 Sur. Las filas son largas, pero avanzan rápido.

Los fieles entran, observan la imagen, se santiguan, ofrecen flores, dejan veladoras y continúan su recorrido. Afuera, el clima es otro: bullicioso, familiar, casi caótico, como si la ciudad entera hubiera entrado en pausa para honrar a la Virgen.

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En ese mar de gente, Cristina y José Antonio, ambos de 65 años, aparecen tomados del brazo. Cristina carga una imagen tallada en madera, casi del tamaño de su torso.

“Está ligera”, dice mientras la sostiene con devoción. Ella llega desde 2022 para agradecer un milagro. Su esposo estuvo en coma luego de caer desde un segundo piso en una obra. Ocho días de incertidumbre, de rezos, de súplicas. Ocho días hasta que José Antonio despertó.

Fieles se reúnen en La Villita en Puebla
Fieles se congregan para ver a la Virgen de Guadalupe en Puebla Créditos: MTP Noticias / Guillermo Gutiérrez

Hoy caminan juntos, la imagen entre ellos, resguardándolos. Para Cristina, no hay duda: la Virgen intercedió para que su esposo sobreviviera y volviera a caminar.

Familias con niños vestidos de Juan Diego o de Marías avanzan con lentitud. Algunos se detienen en los módulos que recrean con musgo, burros y figuras el momento en que Juan Diego vio a la Virgen.

Cada fotografía cuesta alrededor de 100 pesos por persona; aun así, las filas no disminuyen. La tradición es más fuerte que el gasto.

Entre el tumulto aparece Beatriz, con un conjunto deportivo morado. Al principio se resiste a hablar, pero termina accediendo. Viene sola; su madre está en Xalapa y su esposo trabaja. No viene a agradecer, sino a pedir. “Solo quiero que mi mamá esté bien de salud”, dice, mientras mueve entre los dedos una pequeña estampa.

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A su alrededor, los altavoces continúan invitando a ingresar al templo. Huele a tamales, a buñuelos, a fritangas. El sonido de los peregrinos se entremezcla con la música de los puestos y las voces de los comerciantes.

Todo se apagará hasta las cuatro de la mañana del 13 de diciembre. Los ambulantes levantarán sus puestos, el tránsito regresará y la calma volverá poco a poco. Hasta que dentro de un año, nuevamente, este rincón de Puebla se transforme para recibir a miles que vienen a agradecer, pedir o simplemente sentirse acompañados.

Entre ellos, seguramente estará Carlos. Caminando solo, pero más ligero, aferrado a la idea de que la fe —la suya— le salvó la vida.

Guillermo Gutiérrez

Guillermo Gutiérrez

Soy economista y me apasiona el periodismo. Inicié mi trayectoria en 2023 en Ángulo 7, donde fui coordinador de información durante un año y siete meses. Me gusta escribir, investigar y abordar temas...