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Vivir desde siempre en la pobreza: así es la ‘vida’ en Santo Reyes Yucuná, el más pobre de México

Elvia Cruz/ ExpansiónPolítica

 

Emir tiene 10 años, solo habla mixteco, nunca ha ido a la escuela y vive en Santos Reyes Yucuná, Oaxaca, donde 99.9% de la población padece al menos alguna carencia básica. En otras palabras, el niño reside en el municipio más pobre del país.

 

A esas desventajas, Emir debe añadir que tiene una discapacidad motriz que le impide caminar por sí solo, que su localidad carece de un médico en forma —únicamente dispone de un pasante para atender a sus 1,600 habitantes— y que su madre lo abandonó el año pasado, cuando ella decidió irse del lugar en busca de mejores oportunidades.

 

Desde entonces, a Emir lo cuida su tía Hortensia, quien cuenta que el niño puede moverse gracias a un par de muletas que una organización civil le regaló en 2017 y que, hasta ahora, la familia no ha sido censada para ser beneficiaria de los programas sociales del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

 

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Fue apenas el 17 de junio pasado que esta localidad —cuyo nombre en mixteco significa “cerro oscuro”— recibió por parte de la administración de López Obrador un cheque por 12.8 millones de pesos, producto de la subasta de autos de lujo de realizada en la antigua residencia oficial de Los Pinos.

 

 

Sin embargo, las propias autoridades municipales reconocen que ese dinero no basta para sacar de la miseria a la comunidad, ubicada a unas 10 horas en carretera de la capital del país.

 

“La mitad de la población no está incluida en Prospera. Esperamos que con el nuevo gobierno realmente lleguen los apoyos”, dice Claudia Arteaga, regidora de salud en el ayuntamiento que encabeza el alcalde Alberto Adelfo Martínez.

 

Arteaga, primera mujer que ocupa una regiduría en Yucuná, hace énfasis en las necesidades en materia de atención médica. Cuenta que el pasante designado para la localidad solo atiende dos o tres veces a la semana en una clínica en la que faltan medicamentos básicos: naproxeno, paracetamol o suero contra las picaduras de alacrán. De insumos para atender a pacientes en una situación específica, como las mujeres embarazadas, mejor ni hablar.

 

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Frente a ello, la funcionaria insiste en que el de la salud es uno de los rubros en los que Yucuná necesita más respaldo por parte de otros niveles de gobierno, a los que urge a enviar un médico que pueda hacerse cargo de la población de manera constante.

“Antes sí comíamos carne…”

 

La salud dista de ser el único aspecto en el que Yucuná requiere de un fuerte apoyo. Otro lo es el del abasto de agua, pues sus habitantes advierten de que frecuentemente no hay servicio y tienen que guardar agua de lluvia en tinacos o caminar hasta el río más próximo, lo que a su vez impacta negativamente en otras actividades como la agricultura.

 

Juan Reyes, otro habitante del municipio, cuenta que la mayoría de la gente siembra para el autoconsumo y con frecuencia no come carne ni una vez al mes.

 

“Antes sí comíamos res porque estaba barato, pero ahorita, como está bien caro, en más de 100 pesos está el kilo, no nos alcanza para una familia”, dice Reyes, quien junto con otros siete familiares vive en un cuarto de tres metros por cuatro con piso de tierra.

 

 

Reyes cuenta que su familia —como otras— regularmente come frijoles con salsa dos veces al día. Tener algo distinto sobre la mesa es imposible para los lugareños, como también lo es contar con un televisor o con un refrigerador, no solo por el gasto que implicaría comprar un electrodoméstico así, sino por los constantes cortes al suministro de energía eléctrica.

“El apoyo no nos toca parejo…”

Reyes dice que tener un empleo cerca de casa es casi imposible. Como otros, se dedica a trabajar su tierra y a sembrar maíz para los suyos y, cuando hay oportunidad, viaja con su hijo mayor a Huajuapan de León —a dos horas de Yucuná—, con el fin de encontrar “chambitas”.

 

“Aquí no hay nada…”, dice otro habitante, quien afirma que muchas personas buscan la ocasión de irse de la localidad ante esa falta de oportunidades.

 

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“Cuando viene el apoyo, no nos toca parejo, solo a algunos”, comenta Reyes, al referirse a las ayudas que el sexenio pasado les fueron prometidas por funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018).

Una vida en la pobreza

 

En la entrada de Yucuná, aún se observan letreros que anuncian la Cruzada contra el Hambre, el programa estrella de la pasada administración en contra de la pobreza extrema. En contraste, diversos analistas coinciden en que las condiciones de localidades como este municipio oaxaqueño muestran con claridad que ese y otros programas sociales fallaron en su objetivo, pese a la insistencia con la que fueron promovidos.

 

Según el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales (Indep), elaborado por la organización civil Gestión Social y Cooperación (Gesoc) con base en la información de 2017, de los 136 programas creados para reducir las carencias sociales, solo 14 obtuvieron resultados óptimos.

 

En general, el número de personas pobres en el país creció en los últimos cinco años y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelará este lunes 5 de agosto qué pasó en la década de 2008 a 2018.

 

Hoy por hoy, el gobierno de López Obrador promete dar un giro en esta materia y hacer del combate a la pobreza una verdadera prioridad, con acciones como dejar de dar los apoyos a intermediarios para entregarlos directamente a las personas beneficiarias.

 

Mientras, en tanto esas promesas comienzan a aterrizar, la gente de municipios como Yucuná sigue enfrentándose a las carencias y, como Emir o María del Carmen, una adulta mayor que vende sombreros a los visitantes en un precio de 20 pesos, continúa sin tener en el panorama el camino para poder alcanzar mejores condiciones de vida.

 

Fotos: Elvia Cruz/ ExpansiónPolítica

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