Esperar todo un año para que la temporada de chiles en nogada y que agosto no se pase volando es un reto para los amantes de la gastronomía mexicana. Este emblemático platillo poblano, lleno de historia y sabor, aparece por unas cuantas semanas en los menús de restaurantes y fondas, para luego desaparecer hasta el siguiente verano.
Y es que su preparación, colorido y tradición lo convierten en el “rey” de agosto e incluso de septiembre, así como en una joya culinaria que curiosamente porta los colores de la bandera: verde del perejil, blanco de la nogada y rojo de la granada.

La razón es simple, sus ingredientes clave son de cosecha limitada. La nogada, salsa elaborada con nuez de Castilla, solo puede hacerse con este fruto fresco, disponible de julio a septiembre. Lo mismo sucede con la granada, cuyo dulzor y color vibrante complementan el sabor del chile poblano relleno de picadillo. Esta coincidencia de temporadas agrícolas hace imposible replicar la receta auténtica en otros meses.
Si bien algunos restaurantes extienden su servicio hasta principios de octubre, la mayoría concluye la oferta el 31 de agosto o, a más tardar, en la primera semana de septiembre. Por eso, cada día que pasa fuera de estos meses reduce las posibilidades de probar el platillo en su mejor momento o con gran calidad.

¿La temporada de chiles en nogada termina el 31 de agosto?
En Puebla, la temporada inicia a finales de julio, aunque antiguamente comenzaba el 28 de agosto, día de San Agustín. La realidad es que se adelantó para aprovechar al máximo la disponibilidad de ingredientes y así el cierre suele darse al terminar septiembre, marcando el fin de una etapa que atrae a comensales de todo el país.
Respecto a su origen, este se atribuye a las monjas del convento de Santa Mónica, quienes, en 1821, idearon el platillo para celebrar la visita de Agustín de Iturbide tras la firma de los Tratados de Córdoba. Desde entonces, su preparación es símbolo de orgullo poblano y motivo suficiente para planear un viaje gastronómico.





