Las políticas públicas que han sometido al Centro Histórico de Puebla a una dinámica turística ocasionaron que, hasta el año 2020, la población residente disminuyera en 47 por ciento. De acuerdo con especialistas, la cifra podría incrementarse en al menos diez por ciento más hacia el cierre de 2025, si no se revierten las actuales tendencias urbanas.
Zeus Rodrigo Manuel Moreno, docente de la Universidad Iberoamericana (Ibero) de Puebla y experto en temas territoriales, explicó en entrevista con MTP Noticias que en el año 2000 el Centro Histórico registraba 76 mil 102 habitantes, pero para 2020 el número descendió a 40 mil, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El académico advirtió que, de mantenerse las políticas orientadas al turismo, para 2025 la población podría reducirse a solo 30 mil personas, lo que implicaría un aumento del diez por ciento en la población desplazada.
Desde su perspectiva, esta tendencia se originó tras el nombramiento del Centro Histórico de Puebla como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1987 por la Unesco. A partir de entonces, se priorizó la preservación arquitectónica sobre el derecho a la vivienda, con el objetivo de consolidarlo como un polo turístico.
Nombramientos limitan y provocan que la gente se vaya al sur
“El nombramiento genera una proyección internacional del patrimonio tangible, pero también implica que el sitio se vuelve intocable. Las reglas para intervenir las viviendas son tan estrictas que muchas familias optan por abandonar los inmuebles”, explicó.
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Recordó que en 1970, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) declaró al Centro Histórico zona monumental nacional. Esa designación impuso normas de conservación estrictas que, si bien preservan la imagen urbana, han limitado las remodelaciones y dificultado la habitabilidad de las casonas.
Estas políticas, añadió, evitaron que proliferaran los anuncios comerciales o modificaciones drásticas en la fachada de los edificios. Sin embargo, también provocaron el deterioro progresivo de los inmuebles, pues muchos propietarios prefirieron abandonarlos antes que invertir en su costosa restauración.
Asimismo, se ha vuelto un atractivo turístico, sin embargo, dijo que las autoridades no deben dejarlo morir. La mayoría de la gente desplazada ya se encuentra viviendo en el sur de la capital y no regresará porque se volvió un punto inaccesible y carente de servicios.
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Casonas abandonadas: privados permiten su deterioro para venderlas
El panorama actual confirma esa decadencia. Un recorrido realizado por MTP Noticias mostró el abandono visible de varias casonas del Centro Histórico.

En la 5 Poniente esquina con la 7 Sur, un inmueble en ruinas conserva únicamente sus muros, cubiertos por vegetación que crece en el interior. Hoy se encuentra en venta bajo el control de una inmobiliaria.
Otro ejemplo es una vivienda ubicada en la privada de la 7 Sur, a un costado del Hospital Christus Muguerza. La edificación ya no tiene techo y la maleza se apoderó de lo que alguna vez fue un hogar.
Sobre la 11 Poniente, entre la 2 y la 4 Sur, se observan al menos cinco edificaciones sin techos, con puertas sostenidas precariamente por candados y fachadas carcomidas por el tiempo.
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De acuerdo con cifras del Ayuntamiento de Puebla, existen en total 220 casonas en riesgo de colapso dentro del polígono del Centro Histórico.
En muchos casos, los propietarios optaron por dejar que los inmuebles se deterioren, a la espera de que pierdan valor o puedan venderse como terrenos.
En total, el área histórica concentra mil 100 casonas, de las cuales una quinta parte está en ruinas. El resto se encuentra habitada, aunque gran parte de ellas en condiciones precarias o catalogadas como “invadidas”, según información del gobierno municipal.

Este abandono, coincidieron urbanistas, no solo representa un riesgo para los transeúntes y vecinos, sino que también simboliza la pérdida de la identidad urbana y social que caracterizaba al corazón de Puebla.
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El Centro Histórico, demasiado caro para recuperar su carácter popular
Ante esta situación, el experto de la Ibero advirtió que el Centro Histórico ha perdido su carácter popular. Explicó que el valor de los terrenos se elevó considerablemente tras los reconocimientos patrimoniales, lo que volvió inaccesible la posibilidad de vivir en la zona para los sectores medios y populares.
“El simple valor del suelo es ya una barrera. Eso ha abierto la puerta a los grandes conglomerados hoteleros e inmobiliarios, que especulan con las propiedades y utilizan financiamiento externo para adquirir o restaurar inmuebles. Una vez rehabilitados, los venden o rentan a precios muy por encima del promedio local”, señaló Moreno.
Las antiguas vecindades, donde por décadas habitaron familias enteras, se transforman en bodegas, estacionamientos o locales comerciales. Esta práctica, dijo, ha provocado una descomposición del tejido social, al desplazar a los residentes tradicionales y sustituirlos por espacios de tránsito temporal, sin arraigo.
“El Centro Histórico de Puebla originalmente fue una zona de residencia de las clases altas, mientras los barrios aledaños acogían a los sectores más pobres. Con el paso del tiempo, el centro adquirió un carácter popular, pero ahora estamos viendo un nuevo proceso de desplazamiento”, subrayó.
Moreno consideró necesario que las autoridades municipales y estatales replanteen las políticas aplicadas en el polígono histórico, y se pregunten “¿para qué quieren repoblar el Centro Histórico y bajo qué condiciones?”.
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A su juicio, existen tres posibles rutas: convertirlo exclusivamente en un destino turístico, fortalecer la economía local o regenerar el tejido social mediante programas de vivienda asequible y servicios básicos garantizados.
“Se trata de hacer viviendas para personas con nombre y apellido, con planes que aseguren su permanencia y no solo como un punto de paso o inversión especulativa”, recalcó.
El académico agregó que un punto de partida esencial sería garantizar el acceso a servicios públicos de calidad, especialmente el abasto de agua potable, como elemento indispensable para asegurar estabilidad habitacional y promover el retorno de los pobladores.
La Gerencia del dentro de Puebla, un órgano con funciones limitadas
El papel de la Gerencia del Centro Histórico —dependencia adscrita a la Secretaría de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Puebla— ha sido más pasivo que propositivo, aseguró el investigador.
Explicó que este organismo se encuentra limitado por su propio marco normativo y por la falta de actualización del Programa Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico, documento sin modificar desde 2015.
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En dicho programa se establecen los usos de suelo, las áreas de protección y los lineamientos de conservación. Su actualización, sostuvo, permitiría diseñar estrategias más acordes con la dinámica actual de la zona, crear polígonos diferenciados según las vocaciones específicas de cada área y promover una gestión más equilibrada entre preservación, vivienda y actividad económica.
“La Gerencia tendría que ser más promotora y visibilizadora de las problemáticas que afectan al Centro Histórico. No basta con mantener las fachadas intactas; se necesita una política integral que priorice la vida cotidiana y la permanencia de sus habitantes”, concluyó.
Con este panorama, la recuperación del Centro Histórico de Puebla enfrenta un doble desafío: preservar su valor patrimonial y devolverle su función esencial como espacio habitacional y social.
Sin una política pública integral que articule conservación, vivienda, servicios y desarrollo económico, el corazón de la ciudad podría transformarse definitivamente en un escenario vacío, admirado por los visitantes, pero abandonado por sus habitantes.





