Estaba sola, frente a la cripta de sus 4 familiares: su mamá, su tía y sus dos hermanas (una acaba de fallecer), Sandra Gómez, de años con su rostro triste, vuelve a visitar el terreno donde ahora descansan. El motivo de su visita cada 2 de noviembre es simple pero fuerte: no olvidarlos.
Con paso lento y mirada serena, Sandra llegó al Panteón Municipal de Puebla cargando varios ramos de flores. Ella misma los compró, pagó a un trabajador para que acarreara las cubetas de agua y se encargó de limpiar la cripta, decorada con azulejos azul cielo. Eligió cempasúchil, terciopelo y flor de nube para adornar el sitio donde descansan sus seres queridos.
Para ella, mantener la tumba limpia y visitarla cada Día de Muertos es un compromiso familiar. Explica que fue una promesa hecha a su abuela: nunca olvidar a los que ya partieron.
Te recomendamos: Corredor de ofrendas 2025 en Puebla capital: aquí se ubican y esto encuentras
“Siempre apoyé a mis familiares y ahora que no están, tampoco es motivo para dejarlos de ver”, comentó con voz pausada.
Mientras acomoda las flores, recuerda una frase de su tía que suele repetir: “el vivo al gozo y el muerto al pozo”.
La utiliza para lamentar cómo muchas personas dejan de visitar a sus difuntos con el paso de los años. “Hay quienes dicen ‘para qué voy, mejor después’, y ese después nunca llega. Yo voy a venir a verlos hasta el último día que me quede de vida”, asegura.
Los nombres de quienes reposan en esa cripta son: Amparo Merino Carcaño, Dionisio Marín Merino, Teresa Marín Merino, Ángela Camacho y María del Refugio Gómez Marín, su hermana más reciente en fallecer.
Música para los que se fueron
Parte de su tradición incluye contratar a un cantante que interprete algunas piezas mientras ella permanece de pie, observando las tumbas. Dice que no busca llamar la atención, sino acompañar a sus familiares con melodías que solían gustarles. Su esposo y sus hijos, aunque no pueden asistir por motivos laborales, le ayudan a cubrir los gastos del músico y las flores.
“En el funeral van todos, pero en el panteón es donde se ve quién te aprecia”, reflexiona.
Critica que algunas familias dejan que las cruces se caigan, las lápidas se derrumben y las tumbas se cubran de tierra.
“Ya a la gente le vale; una vez que los entierran parece que dicen ‘ni te conozco, ni te vi’. Y vea cómo están ahora muchas tumbas”, lamenta.
Te puede interesar: Catrinas se apoderan del Centro Histórico de Puebla (FOTOS)
Sandra intenta inculcar en sus hijos la importancia de conservar esta costumbre, no solo como una tradición mexicana, sino como un vínculo afectivo. “Yo, por ejemplo, vengo y les hablo. Les digo: ‘ya te llevaste a María del Refugio, ya ni modo’. Pero aquí estoy, rezando aunque sea un rato”, comenta mientras se le humedecen los ojos.
Recuerda con tristeza que su hermana murió a los 65 años a causa de hipertiroidismo. Su voz se quiebra al contar que las hijas de su hermana no la cuidaron. “Eso es lo que más duele, porque una espera que la familia esté unida hasta el final”, dice antes de limpiar las flores marchitas.
Cuando terminó de hablar, Sandra volvió la mirada hacia la cripta, bajó la cabeza, se persignó y, con sus cubetas, sombrilla y bolsa en mano, se despidió con la promesa de regresar el próximo año.

Entre el silencio y la fiesta
A unos metros de ella, el ambiente en el Panteón Municipal era distinto. Aunque el día amaneció nublado y frío, miles de personas acudieron a recordar a sus muertos. Entre el murmullo, se escuchaban canciones de Vicente Fernández, cumbias y sones jarochos que daban un toque festivo a la conmemoración.
También lee: ‘La Muerte es un Sueño’ en Puebla: ofrendas, noches de leyendas, recorridos y más…
De acuerdo con datos oficiales, hasta el 29 de octubre el camposanto —que cuenta con 37 mil 600 fosas— había recibido más de 230 mil 705 visitantes. Familias enteras acudieron con ofrendas, veladoras y comida para compartir con quienes ya partieron.
Músicos con guitarras recorrían los pasillos ofreciendo sus servicios, mientras los mariachis entonaban “Amor eterno” ante los rostros serios de quienes los contrataban. En medio de las tumbas adornadas con flores de colores, algunos grupos improvisaban convivios, recordando a sus difuntos entre risas, rezos y canciones.





