Alfonso Esparza se salvó de terminar en la cárcel como muchos en la administración del fallecido exgobernador Miguel Barbosa, y no porque no hubiera elementos en su contra por el brutal saqueo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), sino porque huyó antes de terminar su segundo periodo como rector y porque, dicen, “negoció”.
Corrió con suerte, pues al morir el entonces gobernador, bajita la mano regresó a México, reapareciendo públicamente el 14 de diciembre de 2024, el primer día de gobierno de Alejandro Armenta.
Hizo creer que con esa invitación, tanto en el acto público como en la comida de bienvenida, sus investigaciones y observaciones a sus cuentas públicas quedaron atrás.
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Sin embargo, el 9 de marzo de este 2025, el encargado de despacho de la Auditoría Superior del Estado (ASE), Fidel Teomitzi Sánchez, dejó en claro que no había comprobado qué hizo con 109 millones de pesos, solo de la cuenta pública 2020.
Durante el paro que duró un mes en la BUAP, por todas las vías buscó deslindarse, pero nadie le creyó, pues encontraron pruebas que entre las manos que mecieron la cuna, estuvo él.
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Ahora que viene la renovación de la rectoría de la máxima casa de estudios, que maneja un presupuesto anual de 10 mil millones de pesos. Su compadre Rodolfo Zepeda Memije se encargó de volver a ponerlo en la mira, ¿por qué?

De manera unánime, los consejeros de la Benemérita lo señalaron a él —sin decir su nombre, pero sí haciendo referencia a su gestión— en el consejo del pasado 2 de septiembre como el autor intelectual de buscar desestabilizar la máxima casa de estudios.
Acusaron que sus operadores, aún incrustados en la universidad, les han mandado WhatsApp para amenazarlos o intentar comprarlos para ayudarlo de alguna forma a regresar.
¿A través de quién?, de Zepeda Memije por supuesto. Quien también es investigado pero poy presuntamente haber falsificado documentos para intentar pasar los filtros para competir por la rectoría.
Se dieron nombres y apellidos en esa sesión de Consejo Universitario y ahí se reveló que Zepeda Memije “usurpó” la plaza de la investigadora Guadalupe Morales Mejía.
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La pregunta en esta trama es, ¿de quién fue la idea de querer verle la cara a los universitarios en esta ambición de regresar a administrar el dinero de la BUAP?
¿Esparza habrá aconsejado a su compadre Memije recurrir a esta maña para lograr la candidatura o él actuó por la libre y quedó exhibido?
Como haya sido, lo único que lograron es estar, ahora más que nunca, en la mira, no solo de los universitarios sino también de la Auditoría, y hasta de la fiscalía.
Tan solo en este intento de registro de Zepeda Memije, los encargados de revisar los documentos se encontraron con varios delitos que la BUAP ya investiga y que pronto terminarán en un expediente en la Fiscalía General del Estado.
Los propios consejeros lo calificaron de “perverso” y hasta exigieron no sólo investigar los delitos que cometió, sino también expulsarlo de la Benemérita.
Mientras, se investiga lo que hizo, pero también la entrega irregular de plazas que se dieron en el rectorado de Alfonso Esparza. Pues con esto, los consejeros vieron indicios de que hay un cochinero que puede salpicar no solo a Memije sino a otros “operadores” que siguen soñando con los millones de la cárcel, al menos siete de ellos, desde la cárcel, otros, desde la universidad.
Esperen quién será el próximo que pase #AlPolígrafo





