Desde el 28 de diciembre de 2024, escribí en este espacio de Al Polígrafo, un poco sobre lo que ocurre en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).
Es el mismo que anda queriendo limpiar su nombre difundiendo a través de sus allegados que ya no tiene ninguna investigación en la Fiscalía Anticorrupción de la Fiscalía General del Estado de Puebla.
El mismo que reapareció en diciembre pasado y desde adentro de la universidad, tiene algunos infiltrados, entre administrativos, docentes y estudiantes, que le hacen el trabajo sucio para ir ganando terreno rumbo a la renovación del rectorado en septiembre de este 2025.
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Lo que no dice es que, por esta red de lavado de dinero que se montó en esos años en la máxima casa de estudios, hay algunos presuntos cómplices en la cárcel, y las carpetas de investigación siguen abiertas.
La rectora Lilia Cedillo no lo mencionó con nombres y apellidos en el Consejo Universitario de este 25 de febrero, pero dio pistas de quién se trata:
“Atrás de este movimiento, hay también algunas manos, y eso lo sabemos perfectamente. Son las mismas manos que les mandan a ustedes los BUAPliks en las sesiones de consejo, coincidentemente”, dijo.

¿A qué hacía referencia?, a finales del año pasado, ese grupo, a través de mensajes de WhatsApp entre los integrantes del consejo, empezaron a difundir mentiras contra algunos que están en el poder ahorita dentro de la universidad, como el secretario general, Juan Manuel Alonso.
Después, escalaron contra la rectora, acusándola de lo que adolecen: corrupción.
“Debería darles vergüenza decir que son universitarios. Honestamente, yo sé que estamos haciendo algunas cosas bien y que tocan intereses económicos de otras personas”, señaló Lilia Cedillo en su postura de este día.
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Y es que no todos los estudiantes de la Facultad de Medicina participan genuinamente en exigir sus derechos.
Que los jóvenes alcen la voz por supuesto que se aplaude, y más en estos tiempos que tanta falta hace.
Pero hay algunos, que luego son detectables por la postura radical que han asumido, que se sumaron por otros intereses.
Ni un día pasó cuando la universidad cedió en entregar la cabeza del hoy exdirector, Luis Guillermo Vázquez de Lara Cisneros, como demandaban.
También fue sustituido el coordinador de práctica clínica.
Sin embargo, hubo alguien que los movió a rectoría, a sabiendas que ahí se realizaba el Consejo Universitario, después de que ya se había llegado a acuerdos.
En medio de estas manifestaciones legítimas, hubo acciones que brincaron, y eso también hay que observarlo.
Si las prácticas corruptas siguieran en la BUAP, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), hubiera hecho alguna observación en la revisión de la cuenta pública 2023, ¿no?
Todo lo contrario, presumió a la BUAP como una de las dos únicas instituciones públicas en el país que explicaron a detalle, en qué se gastaron el dinero en ese periodo.
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Atrás quedaron los tiempos en los que el mismo órgano fiscalizador observaba a la Benemérita el pago en sueldos a pensiones a personas que ya habían muerto.





