La serie Me Late Que Sí se encuentra entre las más vistas de 2025 y es debido a que revive en pantalla uno de los fraudes más sonados en la historia de los sorteos en México: el amaño del sorteo Melate 2518, ocurrido el 22 de enero de 2012.
A través de una dramatización cargada de suspenso y engaños, la producción parte de hechos reales para narrar cómo funcionarios y empleados de empresas implicadas simularon un sorteo “en vivo” con resultados ya definidos, diseñando un plan para quedarse con millones sin levantar sospechas.

La serie gira en torno a un personaje inspirado en la figura real de José Luis Jiménez Mangas, quien en la ficción aparece bajo otro nombre, un funcionario con acceso a la operación del sorteo que decide orquestar un fraude. Bajo su dirección, un pequeño grupo graba previamente un sorteo con los números ganadores convenidos, y luego transmite ese video como si fuera la edición en vivo.
Los boletos con esa combinación exacta se compraron previamente por familiares y allegados, asegurando el premio de decenas de millones. Los “ganadores” resultan cercanos con los implicados, y tras la transmisión oficial los fondos son reclamados.
Historia real de la serie que inspiró a Me Late Que Sí
El fraude del Melate 2518 se planeó, según las investigaciones, por empleados de la empresa Just Marketing, responsable de transmitir los sorteos del Pronósticos para la Asistencia Pública.
Entre los implicados detenidos se encontraban:
- José Luis Jiménez Mangas — director de Progol y Pronósticos, señalado como autor intelectual y material del fraude.
- Héctor Hugo López Jiménez — exsubdirector de Concursos y Deportes, también implicado.
- Carlos Alberto López Martínez — responsable del pesaje de las esferas del sorteo.
- Sara Solórzano — edecán del sorteo.

También detuvieron a miembros de la producción: José Ibarra (jefe de edición de Just Marketing) y Ramón Sánchez (floor manager del programa).
Según la versión oficial, doce personas se señalaron; algunas esposas o familiares compraron los boletos ganadores. A pesar de ello, aunque muchas de las cuentas se congelaron y buena parte del dinero se recuperó, ninguno de los acusados recibió una condena firme, en gran parte porque en ese momento el fraude no se consideró un delito grave.





