Durante décadas, en muchas regiones de México y el mundo se sostuvo la idea de evitar los mariscos en los meses sin “R” en su nombre, es decir, mayo, junio, julio y agosto. Aunque parece una regla arbitraria, detrás de esta práctica existen razones históricas, sanitarias y hasta ambientales que le dieron origen a tal creencia popular.

Los mariscos en los meses sin “R” se consideraron un riesgo en décadas pasadas debido a las altas temperaturas en México, las dificultades para refrigerar adecuadamente los productos del mar y la posible aparición de la marea roja, un fenómeno que ocurre con mayor frecuencia en verano y que puede hacer que ciertas especies acumulen toxinas peligrosas para el consumo humano.
El profesor Rafael Carbajal, del Tecnológico Nacional de México, señala que esta tradición se remonta a los años 50 y 60, cuando la infraestructura para el transporte y refrigeración de mariscos era limitada. Esto aumentaba la probabilidad de que los productos llegaran en mal estado a los puntos de venta.
“No se trataba de superstición, sino de una medida de precaución razonable en su momento”.
Además, algunos periodos de veda de mariscos en México coinciden con estos meses. Por ejemplo, la pesca de camarón en ciertas zonas del Golfo se restringe de mayo a septiembre, como lo estipula la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca). Estas vedas buscan proteger la reproducción de especies clave para evitar su sobreexplotación.

¿Se pueden comer mariscos en los meses sin “R”?
Hoy en día, la situación cambió gracias a los avances en la refrigeración, las inspecciones sanitarias más estrictas y la cría en acuacultura, el riesgo de consumir mariscos en los meses sin “R” disminuyó notablemente.
Según The Kitchn, los mariscos que se cultivan se monitorean constantemente para detectar toxinas y garantizar su inocuidad. Además, las autoridades sanitarias prohíben de inmediato la recolección si se detectan niveles elevados de marea roja.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) recomienda a los consumidores verificar ciertos aspectos al momento de comprar mariscos: su frescura, firmeza, olor suave y que no presenten manchas o desprendimientos. Las conchas deben estar cerradas y los caparazones, duros y elásticos.
Aunque la tradición persiste, los especialistas coinciden en que actualmente se pueden consumir mariscos en los meses sin “R” de manera segura, siempre que se respeten las vedas, se compren en establecimientos confiables y se sigan las recomendaciones de conservación. En definitiva, el conocimiento y la tecnología dejó atrás el mito, sin olvidar sus orígenes ni las razones que lo motivaron.





