A doña Yolanda se le murió su esposo hace menos de un año; regala aguas en la procesión de Viernes Santo en Puebla, como ofrenda a Dios y pide al Niño Doctor que no le falte salud a ella y a su hijo, un adulto, que padece una discapacidad y no se vale por sí mismo.
Ella es una de tantas adultas mayores a quienes no les importó el Sol, el caos vial, ni la espera, para ver pasar las imágenes del Niño Doctor y el Señor de las Maravillas.
Ante la falta del proveedor en la casa, queda ella, quien no se vence pese a su edad, pues tiene un hijo que aunque ya es un adulto, depende de ella.
Su hijo padece una discapacidad de nacimiento y si ella falta, él quedaría solo y sin los cuidados y atención que requiere para sobrevivir.
“Yo le pido por el alma de mi esposo que falleció apenas y para que le mande salud a mi hijo”, dice al entrelazar sus manos y mirar al cielo cuando se le pregunta por el Niño Doctor.
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Yolanda no tiene mucho, pero de lo poco que Dios le ha dado, regala agua embotellada a otros que como ella acudieron este día a la procesión.
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No les importa esperar, solo quieren ver al Niño Doctor
Cada año una de las imágenes más esperadas esperabas es la del Niño Doctor de Tepeaca, que viaja hasta la capital para el tradicional Viacrucis.

La familia Osorio también asistió; la matriarca, una adulta mayor, le agradeció por sanar a sus hijas y le pidió que le haga el mismo milagro con la menor y una sobrina.
Una de ellas, dijo, está grave y otra enfrenta una discapacidad; por ello esperó poco más de dos horas para pedirle a la imagen que le haga el milagro.
La mujer no se pudo contener y lloró de emoción, pues dijo que ama y siempre ha creído en el Niño Doctor.





