Julián Solano y Rosendo Campos no se conocen, pero los une la misma causa en Puebla, que es buscar a sus hijos desaparecidos; ambos tienen nietos a quienes no saben qué responderles cada que les preguntan ¿dónde está mi papá?.
“Papá se fue a trabajar fuera”, “papá se fue de viaje”, son las respuestas más prudentes que le dan a los menores para calmar momentáneamente esa necesidad que tienen de ver a sus padres.
A Rosendo le desaparecieron a sus dos hijos en febrero de 2022 y a don Julián en mayo de 2025; ambos casos siguen impunes y la poca información que tienen, la consiguieron ellos, porque acusan que en la Fiscalía General del Estado no los están buscando.
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Rosendo y Julián marchan por sus hijos desaparecidos en Puebla
Es sábado 30 de agosto de 2025, día internacional de las víctimas de desaparición forzada, Rosendo participa una vez más en la marcha del Colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla.
Don Julián marcha por primera vez con una lona con la imagen de su hijo Gustavo Solano, un empleado de Telcel desaparecido el 13 de mayo de 2025 en la colonia Joaquín Colombres en Puebla.
Ese día pasó como de costumbre a casa de sus padres a saludarlos, se despidió y se fue conduciendo un auto Aveo rumbo a su casa en Amozoc, para encontrarse con sus hijos y esposa, no llegó.

Rosendo camina una vez más por las calles de Puebla, lo hace tomado de la mano de su hijo, aferrándose el uno al otro para gritar y que sus voces lleguen al corazón de quienes tienen a Jonathan y Miguel Ángel Campos y se los devuelvan.
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Los hermanos, uno contador y otro comerciante, fueron citados por un conocido en San Rafael Tlanalapan, San Martín Texmelucan, el 18 de febrero de 2022 y desde entonces no se sabe nada de ellos.
Jonathan tenía 28 años cuando lo desaparecieron, es padre de tres niños; Miguel Ángel tenía 21 años, soltero y es propietario de un negocio en Texmelucan, la ciudad que ningún alcalde ha dominado.
Padres buscadores reclaman inacción de Fiscalía
Rosendo es un hombre de una sola pieza, se resiste a soltar una lágrima, pero la voz se le quiebra cuando dice que no dejará de buscar a sus hijos.
“El karma regresa y todo lo que se hace se paga en esta vida, si él sabe dónde los dejó, una llamada anónima y que nos diga. No buscamos responsables, solo que regresen estén como estén”, le dice a quien se llevó a sus hijos.
Don Julián reprocha a la Fiscalía su inacción, pues ya son casi cuatro meses desde que se llevaron a su hijo y dejaron su auto y sus dos celulares abandonados en una zona despoblada.
“La dependencia tiene guardados los teléfonos y se está dejando pasar tiempo, sin revisar si en los equipos hay un indicio de si se fue con alguien”, reprocha.
“Yo digo que les falta voluntad (al personal de la Fiscalía de Puebla), ese es su trabajo, pero son una bola de holgazanes. Y se los he dicho en las reuniones de trabajo que son holgazanes y les falta empatía”, agregó.
Entrevistados por separado, Rosendo coincide con Julián, en que el personal de la Fiscalía que los ha atendido, no tiene don de servicio ni son empáticos.
Ambos son abuelos y sufren la desaparición de sus hijos y el dolor de sus nietos al querer que sus padres estén con ellos.
“Cuando venga le voy a reclamar porque ni siquiera me ha llamado”, es lo que una niña de cinco años, su nieta, le dice a don Julián cada que le dice que su padre se fue de viaje.
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De los tres nietos de Rosendo, solo la mayor ya sabe que a su papá y tío los desaparecieron, a los más pequeños continúan diciéndoles que se fueron a trabajar fuera.





