“No le hacían daño a nadie, eran buenas personas”, dice una mujer a otra durante el funeral de las diez víctimas de la masacre en el rancho de Texcalapa, Tehuitzingo.
Es martes 19 de mayo de 2026, en un domicilio particular un sacerdote celebró la misa por el eterno descanso de la familia Torres Aguilar, integrada por Cecilio, Marcela, Gabriela, José María, Roberto, Martha y Carolina.
A la par en otro punto, se realiza la ceremonia religiosa de Efrén, Kevin y José, los tres trabajadores que fueron víctimas colaterales de la matanza registrada la noche del sábado 16 de mayo.
Te puede interesar: Masacre en Tehuitzingo: él es ‘El Pony’, uno de los detenidos; hay dos líneas de investigación

Flores, rezos, mariachis, música de viento e incienso acompañan los rituales para despedirlos.
Familiares en el extranjero vieron las transmisiones en vivo de quienes grabaron en tiempo real.
Mientras medio pueblo acompaña a los deudos, agentes de investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla realizan sus pesquisas y aseguran a otros dos implicados, Aniceto y Alberto.
Sugerimos: Caen Aniceto y Alberto: suman tres detenidos por masacre en Tehuitzingo
Dan último adiós a víctimas de masacre en Tehuitzingo
El cortejo fúnebre parte al panteón, las calles se paralizan a su paso. La gente sale de sus locales para persignarse ante el paso de los ataúdes de madera.
Los que portan sombrero o gorra se las quitan. Unos a otros cuchichean y lamentan la masacre, principalmente la muerte de la bebé Carolina, de un mes y días de nacida.
“Si tanto odio tenían, hubieran matado solo a los que se las debían. No a una bebé, tampoco a los tres pobres que fueron a trabajar y también los mataron”, le dice un hombre a otro.
Este martes 19 de mayo de 2026 sepultaron a las 10 víctimas de la masacre. La Fiscalía de Puebla aún investiga los hechos y mantiene dos hipótesis.
Lee: “José Alfredo es inocente”: abuela asegura que él no cometió masacre en Tehuitzingo
Una de ellas es que el móvil fue una disputa familiar por terrenos. La otra, la más aterradora, es que José Alfredo —el hijo mayor de los Torres Aguilar— los asesinó en venganza por anexarlo y ponerlo a trabajar en el rancho.





