Aunque creían que la justicia estaba cerca después de 28 años, la familia de Adriana ahora teme por la fuga de su feminicida, esto luego de que un secretario en funciones de juez le otorgó arraigo domiciliario.
El siete de octubre de 1997 en Cuautlancingo, Gildardo asesinó a Adriana frente a su hija de cinco años, así lo narró María Fernanda en entrevista para MTP Noticias.
Ella era originaria de Izúcar de Matamoros. A sus 17 años quedó huérfana, contexto que Gildardo aprovechó para abordarla a pesar de una diferencia de 28 años entre ambos, y de que él ya tenía una familia.
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Tras asesinar a Adriana, en ese momento de 28 años, Gildardo huyó y no volvieron a saber de él. Hasta que en junio recibieron una llamada de la Fiscalía General del Estado (FGE) para identificarlo.
Tras confirmar su identidad, la FGE lo detuvo en un municipio de Veracruz, en los límites con Oaxaca, donde se escondía.
Lo enviaron al penal de Cholula con prisión preventiva; sin embargo, la defensa de Gildardo logró que César Omar Herrera Zárate, secretario en funciones de juez de Cholula, le concediera la medida de arraigo domiciliario el pasado dos de agosto.
El argumento de la defensa es que Gildardo es de edad avanzada (75 años) y padece enfermedades que se le complican. Aunque no fue capaz de nombrar una sola afección cuando el juez se las requirió durante la audiencia.

Es de mencionar que a Gildardo se le juzga por homicidio calificado, pues en 1997 el feminicidio no estaba tipificado en Puebla.
Fernanda indicó que la audiencia estuvo rodeada de irregularidades. Pues se llevó a cabo un sábado y en la oficina del secretario César Omar, no en un juzgado.
Teme fuga de presunto feminicida por arraigo domiciliario, detenido 28 años después
Dos dictámenes elaborados por el juzgado y el Ministerio Público (MP) determinaron que no había fundamento para otorgar el arraigo en casa, por el hecho de que durante 28 años estuvo prófugo de la justicia.
Asimismo, determinaron que no había una red de apoyo familiar que lo acompañara. Ni tenía obligaciones como trabajo o dependientes económicos que garanticen su estadía en su casa.
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Pero no sólo eso. Después de 28 años de huir, Gildardo no cuenta con un domicilio en Puebla que verdaderamente dé certeza de que no huirá.
Pese a estos argumentos, se le concedió el arraigo. Ahora, supuestamente permanece en una casa que le prestó una sobrina en el municipio de San Pedro Cholula.
En todo momento hubo oposición a la decisión de Herrera Zárate, según explicó Fernanda, pues consideraron que lo ideal era enviarlo a un penal especial para personas de la tercera edad.
“Este señor es peligroso para nosotros como víctimas, tuvo una hija con mi tía, esta niña ahora tiene 33 años y obviamente creemos que corre peligro porque no sabemos si este señor regresó para vengarse”, dijo.
Por si fuera poco, los vecinos del domicilio donde pasa su arraigo también están preocupados por su presencia. Creen que pueda ser un peligro para la comunidad.
El secretario en funciones de juez instruyó que haya un agente ministerial para vigilarlo, pero quienes viven a su alrededor aseguran que no hay nadie en la zona.
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Es por esto que ahora ellos piden que se le cambien las medidas cautelares, pues es casi un hecho que su intención es fugarse y que hubo irregularidades en el caso.
“¿Por qué otra cosa pelearías tanto que te den arraigo domiciliario? Pues porque te vas a fugar. Pedimos justicia y que no haya corrupción, porque tal parece que fue un acuerdo que salió de la nada. Nosotros queremos que se sigan las medidas cautelares que se dieron en los dos dictámenes”, dijo.





