Tras un partido complicado ante la Selección de República Checa, del que salió ganador por marcador de 3-0, México logró avanzar como superlíder del Grupo A con nueve puntos, algo que nunca había conseguido en sus 18 participaciones mundialistas.
México firmó en el Estadio Ciudad de México una noche inédita en su historia en Copas del Mundo.
El Tricolor no solo cerró la fase de grupos con paso perfecto, sino que lo hizo con una exhibición de autoridad ante República Checa, rival al que terminó por desgastar hasta derrotarlo con un 3-0, resultado que confirmó el mejor arranque de su historia en un Mundial.
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Durante buena parte del primer tiempo, el duelo se mantuvo parejo, incluso con algunos avisos de los europeos, que generaron cuatro aproximaciones claras sin lograr vencer al arco mexicano.
Sin embargo, la altura de la capital del país terminó por convertirse en un factor determinante para un equipo checo que venía de jugar en Atlanta, Canadá, y que poco a poco se fue quedando sin piernas.
Fue entonces cuando el conjunto dirigido por Javier Aguirre tomó por completo el control del partido.
Vestido de blanco con su tercer uniforme, México comenzó a inclinar la cancha y encontró en el segundo tiempo los espacios para reflejar en el marcador el dominio que ya había construido en el juego.
Al minuto 55, Mateo Chávez se lanzó por la banda izquierda tras un pase de Luis Romo desde medio campo y definió cruzado para vencer a Matej Kovář.

El gol abrió por completo el encuentro y desató la mejor versión del Tricolor.
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Seis minutos después llegó el segundo. Gilberto Mora condujo desde medio campo y filtró para Jorge Sánchez, quien falló en primera instancia, pero el rebote quedó servido para Julián Quiñones, que no perdonó y empujó el 2-0.

Con el rival ya fundido físicamente, México se adueñó del trámite. Los checos intentaron reaccionar, pero el desgaste ya era evidente y el Tricolor manejó el cierre del encuentro con comodidad.
En medio de ese dominio, Javier Aguirre mandó al minuto 77 a Guillermo Ochoa para que recibiera la ovación de más de 80 mil aficionados, en lo que apunta a ser su último Mundial.
El broche llegó en el tiempo agregado. Al 90+3, Ochoa sacó largo desde su área, Rodrigo Alvarado prolongó la jugada y Álvaro Fidalgo apareció solo para marcar el tercer gol, el que terminó por sepultar cualquier esperanza europea.

La victoria tiene un peso histórico porque nunca antes México había ganado sus tres partidos de fase de grupos en un Mundial.
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En anteriores ocasiones como líder de grupo tampoco había logrado el paso perfecto: en México 1986 avanzó primero con cinco puntos tras vencer a Bélgica e Irak y empatar con Paraguay; en Estados Unidos 1994 fue líder con apenas cuatro puntos, en un grupo donde los cuatro equipos terminaron igualados; y en Corea-Japón 2002 terminó primero con siete unidades, tras vencer a Croacia y Ecuador e igualar con Italia.
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En el otro partido del grupo, Sudáfrica dio la sorpresa al vencer 1-0 a Corea del Sur y quedarse con el segundo boleto rumbo a los dieciseisavos de final.
El resultado dejó a los asiáticos en el tercer sitio, sin posibilidades de avanzar como uno de los mejores terceros por su diferencia de goles.
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Así, México no solo avanzó como superlíder del Grupo A, sino que lo hizo rompiendo una barrera que ninguna otra generación había logrado en 18 participaciones mundialistas: cerrar la primera ronda con nueve puntos de nueve posibles.





