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¿Educarnos para educar?

Columna Tierra de Sal con Mayra Sánchez

Los nuevos retos educativos invitan a una reformulación del concepto y del proceso educativo; entender que desde la concepción misma de la palabra invita a estar o tener un constante cambio. ‘Proceso’ hace referencia a que estamos en constante movimiento. Este proceso educativo se vuelve entonces analítico, reflexivo y por ende transformable para resolver problemáticas que pudieran surgir a posteriori.

Nuestras estructuras sociales, administrativas, educativas y emocionales debemos entenderlas como concepciones básicas que determinan el proceso para educar. Los educandos y los educadores están estrechamente relacionados, pues ambos son parte de los factores determinantes en el proceso educativo y por ende para el desarrollo humano y de las comunidades.

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La educación debemos sustentarla desde la percepción misma de que es un derecho humano y un derecho establecido en nuestra Carta Magna; lamentablemente, ha estado muy de la mano de la desigualdad social y con ello el acceso a la educación en ocasiones se ha truncado.

Cuando decimos que existe alguna desigualdad en materia de acceso a la educación, entonces estaríamos hablando de que no se da ni en igualdad ni en equidad de circunstancias.

El concepto de equidad educativa, invita a la reflexión de que primero debemos entendernos como una sociedad en la diversidad y en la multiculturalidad; es decir, partir desde un orden social, lingüístico, político, económico entre otros. La equidad invita a una mejora de condiciones de acceso a la educación partiendo del derecho constitucional mismo.

Cuando hablamos de educación en igualdad debemos encontrar primero los puntos de coincidencia donde se afirme el statu quo de quienes que buscan el beneficio educativo y, que a través de los procesos de igualdad de oportunidades se tendrían acceso a la calidad educativa, donde se desarrolle su potencial individual desde su propio antecedente sociocultural.

Quizá debemos partir de la diferencia existente entre quienes deben y quieren tener acceso educativo, pues si bien es cierto que es un tema de inclusión se debe establecer alguna tabla de posiciones: existen quienes desean igualdad de oportunidades pero abogan por la igualdad pero los procesos de aprendizaje indican que existen diferencias en aptitudes individuales y/o lamentablemente no todos tienen la capacidad necesaria ni el bagaje formativo para iniciar el proceso.

Es por ello que, educarnos para educar invita a un planteamiento de paradigma nuevo, admitir las deficiencias e invita a tomar acciones para que la brecha de rezagos se vuelva lo más inexistentemente posible.

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Finalmente, el trabajo en favor de educarnos para educar implica conocer y analizar el origen de procedencia del estudiantado en cuanto a su origen étnico, nivel socioeconómico, lingüístico, psicológico y hasta su nivel aspiracional  dentro de la sociedad.

Educarnos para educar, no es una tarea fácil, pero tampoco imposible si deseamos caminar en criterios de igualdad educativa en favor de una mejora social.

Por: Mayra Sánchez García /@mayrusmayrus7

 

 

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