Querido pueblo poblano



Mucho nos quejamos de lo que ocurre en nuestro estado, sobre la corrupción, la falta de presupuesto, que si las obras, que si las broncas en cabildo o en la cámara de diputados o lo que sea, pero ¿nos ponemos a pensar un poco en nuestro rol en esto?

 

Mucho me temo que no.

 

Gran parte del problema es la sociedad y seguimos sin entenderlo, seguimos sin aceptar el rol que nos toca dentro del sistema y lamentablemente mientras sigamos así las soluciones no vendrán.

 

Los partidos políticos solo están buscando acceder al poder para satisfacer una necesidad personal que sobrepasa los límites de la ambición humana, dejando atrás el servir al pueblo para servirse del pueblo y cuando hablo de pueblo menciono a todos los que habitamos este espacio.

 

Hago énfasis en ello, porque desde hace algunos años en la sociología el término pueblo se ha utilizado como etiqueta puesta a conveniencia por quienes buscan ganar adeptos en sus discursos, pero si nos vamos al estricto uso de la palabra, pueblo somos todos.

 

Pero, claro está, que por mucho que el pueblo seamos todos, no todos quieren ser pueblo.

 

Parece un trabalenguas y es más complicado que eso, para entenderlo hay que voltear a ver las elecciones extraordinarias que llevaron a Barbosa a la victoria. Muchos se quejan de Barbosa pero ¿cuántos salieron a votar?, ¿están haciendo algo para ser una mejor opción que lo que propone Barbosa?

 

Ahí está el detalle.

 

Este fenómeno social del abstencionismo ya sobrepasó cualquier reproche o protesta silenciosa para convertirse en un conformismo señalador; no se critica, solo se apunta.

 

Esperan que mágicamente las soluciones lleguen a ellos, ¡cómo si fuera sencillo solventar años de excesos, desvíos, robos y malos manejos! Vamos, si fuera tan sencillo ¿por qué no lo solucionaron las administraciones pasadas?

 

Y es que ¡ese es el gran problema! Que año con año el abstencionismo de la sociedad se conforma con estar sentado en su casa recibiendo lo que puede y cuando deja de recibir porque le dan a otros, señala, y esto se ha vuelto una costumbre que hay que erradicar, y eso es algo que ningún gobierno podrá hacer solo.

 

Hace falta una sociedad más pro activa, más involucrada, pero sobre todo una sociedad que se sepa pueblo sin que esto signifique una etiqueta, pero sí una responsabilidad.


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