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¡Lo que se ve no se juzga! O ¿sí?

Buen inicio de semana tengan todos nuestros apreciables lectores.

Es incuestionable el amor filial que surge entre padres e hijos; amor que ha derivado en hazañas sorprendentes y actos de inmensa gratitud, entrega y amor. Empero, derivado de la distorsión de las cosas y las ideas retorcidas que las nuevas generaciones presentan, ese amor paternal se ha llegado a confundir y tergiversar.

Hemos olvidado que los niños y niñas son eso, seres humanos que están en proceso de crecimiento, cursando por etapas propias que desembocarán en la madurez del individuo.

Sin embargo, en la carrera loca que se vive en la actualidad, hemos dejado atrás la inocencia que enmarca esa edad temprana y se pretende tratar a los menores como ‘adultos chiquitos’; lo que se evidencia desde la vestimenta hasta las conductas en extremos permisivas fuera de la edad propia del infante.

Resulta indignante para quien aquí plasma su opinión presenciar conductas que inciden en lo estúpido, conductas de madres que festejan a sus menores hijas de escasos cuatro o cinco años, alentándolas a que le planten un beso en la boca a algún párvulo compañerito.

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Entonces, no nos debería sorprender que esas conductas se desvíen y se repliquen entre padres a hijas o madres a hijos y no hablamos de ningún complejo de Edipo o Electra, pues las madres y padres de la “nueva era” les resulta tan “común o normal” que a sus hijos de meses los besan en la boca, siendo un acto que, lejos de ser algo tierno y sublime, sea algo repulsivo por el solo hecho de la trasmisión de virus, bacterias y demás microorganismos nocivos a su descendencia.

Por otro lado y sin caer en el ámbito de lo puritano, debemos entender que hay ciertos actos que, más allá de lo reprochable, hay una razón que incide contra natura, y esto es tener cualquier tipo de sentimientos y conductas entre ascendientes a descendientes, sin apartar la vista que “se supone, somos animales racionales” y no actuamos nada más por instinto; empero parece ser que al exprecandidato de Movimiento Ciudadano por el séptimo distrito de Texmelucan, Puebla aparentemente se le olvido dicha circunstancia.

Todo esto explotó pues el pasado 16 de febrero.  Dicho personaje de la política Poblana, también llamado ‘El abogado que ayuda’, fue evidenciado en medios noticiosos por haber exhibido a su hija en redes sociales publicando fotografías y videos que han causado gran indignación, pues aparece besando en la boca a su presunta hija, abrazándola indebidamente y estando con ella en la cama sin ropa.

La indignante actividad ha detonado que Colectivas feministas y páginas de denuncias solicitan que las autoridades tomen cartas en el asunto, dichos ciudadanos han pedido que las autoridades lo investiguen por pederastia y no le permitan seguir en la contienda política.

Además de lo visual, la manera en que se expresa de la menor, similar al que las parejas usan durante su noviazgo, ha hecho que muchos cibernautas lo acusen de pedófilo.

Ahora bien, es importante por parte de quien aquí escribe el dejar bien en claro dos conceptos que se manejan en los medios noticiosos y redes sociales, los cuales son pederastia y pedofilia.

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A los adultos que sienten una atracción sexual, violan, explotan e incluso matan a niños y personas menores de edad se les suele calificar indistintamente de pederastas o pedófilos. Sin embargo, ambos términos proceden de conceptos griegos distintos y no deberían ser utilizados como sinónimos.

La palabra pedofilia proviene del griego páis, un sustantivo que se aplicaba exclusivamente a los varones de 13 y 19 años, es decir, entre la nubilidad – el inicio de la edad reproductiva – y la adolescencia. A este término se le añade filia, que se traduciría como amistad, amor o afecto espiritual.

En la Antigua Grecia, era una práctica común que los púberes tuvieran relaciones sexuales con sus docentes para promover los lazos entre ambos y a esto es a lo que se llamaba pedofilia.

Los pedófilos, o paidófilos según algunos helenistas, son aquellos que gustan anímicamente de jóvenes; aquellos que se sienten atraídos por personas de mucha menos edad.

Algunos lingüistas afirman que aquellas personas que sienten atracción sexual hacia niños y niñas podrían calificarse como ‘paidionófilos’, que serían aquellos que aman anímicamente a los niños.

Por el contrario, el vocablo pederasta proviene de eraõ (amar con pasión) y paídes (plural de páis) y hace referencia a los hombres que desean sexualmente a adolescentes masculinos.

La principal diferencia que se ha ido remarcando durante los últimos años es que un pedófilo siente una atracción por personas jóvenes pero no tiene porqué llegar a desembocar en una acción concreta o consumación de dichos deseos.

Por otro lado, un pederasta siente la misma atracción que el pederasta pero en este caso sí que desemboca en un abuso sexual.

Mientras que la pedofilia se define como una parafilia, un tipo de trastorno sexual caracterizado por fantasías recurrentes; la pederastia es, además de la propia parafilia, una práctica delictiva derivada de ella que provoca graves repercusiones en el desarrollo psicológico, social y sexual de la víctima. Por norma general, todos los pederastas son pedófilos pero no todos los pedófilos tienen porqué ser pederastas.

Ahora bien, después de este breviario cultural, no podemos dejar de mencionar que De acuerdo con un documento publicado por la Cámara de Diputados en el 2020, las víctimas de pederastia, pueden tardar hasta 20 años en poder hablar del abuso sufrido, mientras que especialistas que trabajan con detenidos por delitos sexuales mencionan que uno de cada cinco niños agredidos se convierte en agresor al crecer y que 40 por ciento de estos agresores fueron violados en su infancia.

Además, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) establece que de cada 100 denuncias 10 llegan a juicio y que del total registrado, sólo se condena una, por lo que 99 por ciento de los casos queda impune.

¡Lo anterior se tenía que decir y se dijo!

¡Nos leemos la próxima semana!

Por Yván Vargas/@LAWNAVY

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