A volar el avión



¿Qué hay detrás del uso recurrente del avión presidencial en la retórica de la autollamada cuarta transformación? Hagamos un recuento de los hechos. Antes y durante la campaña por la Presidencia de la República el avión se utilizó como recurso político en la publicidad y en los discursos de AMLO. En enero del 2019 se le hizo una despedida al ser enviado a los hangares de la empresa Boeing en los Estados Unidos con memes, videos y declaraciones en redes sociales. Un año después traen a México al mentado artefacto y el Presidente lo usa como distractor en medio de una crisis del sistema de salud pública de la Nación.

 

Resulta evidente que el avión presidencial es uno de los activos simbólicos más importantes para la estrategia de comunicación de la 4T. Por una parte, el avión es un medio de transporte que utilizó el jefe del Estado Mexicano para viajar seguro, a tiempo, poder atender asuntos del gobierno mientras se traslada y reducir costos de transportación de sus comitivas. Por otra parte, en el imaginario de algunos mexicanos, representa un símbolo de los excesos y la corrupción del régimen anterior; el del PRIAN, la mafia del poder, la oligarquía corrupta y demás epítetos conocidos.

 

El “avión que no tiene ni Obama” fue un material de propaganda muy eficaz para posicionar al artefacto como un poderoso significante vacío ¿Qué es eso? En términos sencillos podríamos definirle como un concepto que para algunas personas representa algo más que su significado propio. En este orden de ideas, el avión deja de ser un instrumento de transporte al servicio de un presidente y se convierte en un símbolo de la frustración social y un estímulo al enojo de una parte de mexicanos.

 

El mensaje se transforma en un significante vacío porque excita la imaginación, la ignorancia y la hipocresía del pueblo, manipula las emociones de gente que no es capaz de establecer un juicio sobre el valor y la utilidad de las cosas que usan los presidentes. López Obrador les ofreció una representación de los supuestos excesos cometidos en perjuicio del pueblo, excesos que explican su fracaso en la vida (pues ese dinero pudo dárselo a la gente). Además, a algunos mexicanos los estimula a reafirmar su superioridad moral, porque ser y estar jodidos por culpa de los corruptos del régimen anterior les otorga licencia para sentirse moralmente superiores.

 

En otras palabras, el avión presidencial es un vehículo que reafirma la superioridad moral de los jodidos. Y utilizo esa palabra “jodidos” para evitar menospreciar a los pobres, porque la pobreza es una dimensión humana que merece respeto y a todos nos compromete, pero la hipocresía no, y en mi concepto los jodidos son hipócritas, sátrapas y vulgares holgazanes. Si usted no es uno de esos no se dé por aludido o aludida.

 

Otro ejemplo de un significante vacío es el muro de Trump. Desde este lado de la frontera el muro nos parece una pared absurda, cara, monumental e inútil, pero para el público de los Estados Unidos que rechaza a los inmigrantes (el pueblo bueno de Trump), el muro les recuerda sus miedos, frustraciones, odios y aires de superioridad racial. Ambos símbolos, el avión presidencial y el muro, son significantes vacíos de gran importancia en los discursos de los dos presidentes. Sin recursos simbólicos como esos, sus bases de simpatizantes no se movilizan políticamente, es más, la gente que los sigue perdería identidad, unidad y coherencia en el contexto político.

 

Algunos van a responder que ese avión en particular es un exceso por su elevado costo y frívolas comodidades. Que el equipamiento adicional solicitado por el gobierno de Peña Nieto no lo tienen los aviones del presidente de los Estados Unidos y que solo los jeques árabes se dan esos lujos. Me permito presentar a usted, caro lector o lectora, la prueba de que eso es falso.

 

De acuerdo con datos recabados en diversas fuentes oficiales y privadas disponibles en internet, estos son los aviones que usan para viajes largos (salvo López Obrador) los mandatarios de los 20 países con las economías más grandes del mundo:

 

 

 

En el curso de la investigación encontramos que países como Corea del Sur, China y México, entre otros, rentan los aviones que usan sus mandatarios. Algunos lo hacen a líneas aéreas y otros a los fabricantes como es el caso de México. Todos los gobiernos que rentan o adquieren aeronaves hacen modificaciones en ellas para que se ajusten a las necesidades de los jefes de Estado. También encontramos que todos los países cuentan con una flotilla de aviones y helicópteros con diferentes capacidades para el uso de los altos funcionarios de los gobiernos.

 

Esta es la descripción del avión que usa el presidente Trump de acuerdo con una nota del diario argentino El Popular a propósito de la reunión del Grupo de los 20 celebrada en Buenos Aires en noviembre de 2018: “Este renovado Boeing 747, denominado VC-25 (en rigor son dos aviones gemelos identificados con los números 28000 y 29000), tiene capacidad para 100 pasajeros, puede volar más de 12.500 Km y es, literalmente, una “Casa Blanca voladora”. Además de un dormitorio, un gimnasio y varias oficinas, la nave tiene dos amplias cocinas que pueden alimentar a cien personas al mismo tiempo, una gran sala de reuniones, salas comunes destinadas a asesores del presidente, oficiales del servicio secreto, prensa e invitados, y una oficina médica.”

 

La misma nota describe otros aviones. “El avión que trasladó a la premier británica Theresa May es un Boeing 777 perteneciente a la Royal Air Force (RAF) convertido en una verdadera fortaleza volante. Con sistemas de seguridad de última generación, aunque con un interior adusto y sin demasiados lujos, pero sí muy cómodo.” En cuanto al avión de Vladimir Putin “el Ilyushin-96 (es) otra fortaleza que vuela. Dotado de sistemas detectores de misiles, tanques suplementarios de combustible y cuatro motores de ultra potencia que le permiten desarrollar mayor velocidad que sus pares convencionales.” Al respecto de los aviones de los mandatarios de México y de España la nota dice así: “El hasta hoy presidente mexicano Enrique Peña Nieto viajó en un Boeing 787 Dreamliner muy moderno, con su interior modificado para mayor comodidad, al igual que Airbus 330 del Reino de España que trasladó al jefe del gobierno español, Pedro Sánchez.”

 

Finalmente. Si el presidente López Obrador considera que el avión presidencial ofende al pueblo, también debería de considerar que manipular al pueblo con el cuento de que lo va a rifar es todavía una mayor ofensa, y que dejarlo guardado es aún más costoso que utilizarlo. Para encontrar una solución salomónica podrían desmontar todo aquel equipamiento que parezca frívolo y lujoso y colocar en su lugar un mobiliario adecuado a las exigencias de la retórica populista. El avión presidencial debe dejar de ser un recurso político para manipular y ofender a la sociedad y comenzar a hacer lo suyo que es volar con el Presidente de México.

 

 


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José Zenteno

Director de MAS DATA. Investigador de percepciones y preferencias públicas.

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