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Publicado enCírculo de escritores

La fórmula perdida de los constructores mayas 

Los constructores mayas aprendieron a través de la experiencia acumulada sobre el uso de materiales; un conocimiento retomado por la Ibero.
Columna de Académicos Ibero Puebla: Círculo de Escritores
Imagen de columna de Círculo de Escritores Créditos: Diseño MTP Noticias

Por Angélica Pérez

Imagina que dentro de mil años alguien intentara descubrir por qué ciertos edificios del siglo XXI siguen en pie mientras otros desaparecieron hace tiempo. Probablemente buscaría respuestas en los materiales, en la ingeniería o en la tecnología utilizada para construirlos. Eso mismo está ocurriendo hoy con los antiguos mayas

Durante décadas, arqueólogos y científicos se preguntaron cómo fue posible que templos, palacios y pirámides construidos hace más de mil años hayan resistido lluvias torrenciales, humedad extrema, huracanes, calor tropical e incluso el abandono de ciudades enteras. 

La respuesta podría encontrarse en una fórmula que permaneció oculta durante siglos. Los mayas fueron grandes arquitectos. Construyeron algunas de las ciudades más impresionantes de América utilizando piedra caliza, un material abundante en la península de Yucatán. Sin embargo, la piedra por sí sola no explica la extraordinaria resistencia de sus edificios. 

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El verdadero misterio estaba en la cal apagada. A diferencia del polvo blanco que hoy solemos imaginar cuando escuchamos la palabra “cal”, la que utilizaban los mayas era una pasta húmeda y cremosa, parecida en apariencia a una crema espesa de color blanco. Esta sustancia funcionaba como el “pegamento” que unía las piedras, recubría los muros y permitía fabricar los finos estucos que aún pueden observarse en numerosos sitios arqueológicos

Pero investigaciones recientes han revelado que los mayas hacían algo diferente: durante la preparación de esta cal agregaban extractos obtenidos de ciertos árboles de la región. Durante mucho tiempo nadie supo exactamente por qué. 

La respuesta comenzó a aparecer cuando científicos utilizaron herramientas capaces de observar materiales a escalas microscópicas y nanométricas. Lo que encontraron fue sorprendente. 

Los compuestos naturales presentes en árboles como el chukum modificaban la estructura interna de la cal mientras esta endurecía. Los cristales se organizaban de una manera distinta, generando materiales más resistentes, más duraderos y menos propensos a fracturarse. 

Lo más asombroso es que esas estructuras microscópicas se parecen a las que utiliza la naturaleza para fabricar conchas marinas, corales y otros biominerales extraordinariamente resistentes. 

En otras palabras, los mayas habían descubierto una forma de mejorar sus materiales utilizando recursos naturales de su entorno siglos antes de que existieran la química moderna, la nanotecnología o la ciencia de materiales

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¿Cómo lo lograron? No tenían laboratorios ni microscopios. Tampoco ecuaciones químicas ni computadoras. Lo que sí tenían era algo igualmente poderoso: siglos de observación, experimentación y transmisión de conocimientos. 

Generación tras generación aprendieron qué árboles funcionaban mejor, qué mezclas resistían más tiempo y cómo reaccionaban los materiales frente al clima tropical. Lo que hoy llamamos investigación científica, ellos lo desarrollaron mediante experiencia acumulada. 

Y la historia continúa. Actualmente, un grupo de investigación mexicano de la Ibero Puebla, están retomando este legado para estudiar nuevamente la interacción entre la cal apagada y algunas de las especies vegetales utilizadas tradicionalmente por los pueblos mayas. Entre ellas destacan el chukumhabín, ramón y pixoy

El objetivo es comprender mejor los procesos que ocurren durante la hidratación de la cal y determinar si estos conocimientos ancestrales pueden ayudar a desarrollar materiales más duraderos, compatibles con edificios históricos y ambientalmente más sostenibles. 

Incluso otras investigaciones han demostrado que plantas tan comunes como el nopal pueden mejorar notablemente las propiedades de la cal, aumentando su resistencia, reduciendo grietas y acelerando procesos que normalmente requieren meses de espera. 

Cada nuevo descubrimiento parece acercarnos a una conclusión fascinante: los mayas no solo construyeron ciudades monumentales. También desarrollaron una tecnología basada en la observación de la naturaleza que todavía tiene mucho que enseñarnos. 

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Quizá por eso las pirámides siguen en pie, porque detrás de cada muro y cada templo existía una fórmula que el tiempo no logró borrar por completo y que la ciencia apenas comienza a descifrar.