La Selección de México carga desde hace décadas con la famosa maldición del quinto partido, una narrativa que ha marcado el paso del Tri en cada Copa del Mundo y que hoy vuelve a encender el debate entre la ilusión y la realidad.
Y es que desde 1994, la Selección Mexicana logró avanzar de manera constante a los octavos de final, con la única excepción de Qatar 2022, donde quedó eliminada en fase de grupos; no obstante, las derrotas consecutivas en esa instancia terminaron por construir una especie de barrera histórica difícil de superar.

Con el paso del tiempo, el llamado “quinto partido” se convirtió en un símbolo dentro del futbol mexicano, representando el acceso a los cuartos de final y, para muchos, una meta que se transformó en una fuerte obsesión.
Dicha maldición del quinto partido tiene su origen en las eliminaciones repetidas en octavos de final en Mundiales como Estados Unidos 1994, Francia 1998, Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018.
Este patrón constante reforzó la idea de un “hechizo” que impedía al equipo trascender en instancias clave. Así, más allá de los resultados deportivos, el concepto se convirtió en una carga psicológica tanto para jugadores como para aficionados.

¿Realmente México rompió la maldición del quinto partido?
El contexto actual ha generado confusión, pues la Selección de México ya disputó cuatro partidos en el torneo, siendo el último una victoria importante ante Ecuador; sin embargo, esto responde al nuevo formato del Mundial, que añadió una ronda adicional antes de los octavos de final.
Por ello, aunque el Tri jugará un quinto encuentro, no se puede considerar que la Selección de México rompió la famosa maldición del quinto partido. El verdadero objetivo sigue siendo alcanzar los cuartos de final, algo que no ocurre desde 1986.

El próximo partido será determinante. Si México logra avanzar, no solo cambiará su historia reciente, también pondrá fin a una de las etiquetas más persistentes en su camino mundialista. Mientras tanto, la afición mantiene viva la esperanza con una pregunta que resuena cada vez con más fuerza:
“¿Y si sí?”.





