Los moteles en tiempos de Covid-19



Bien reza el dicho: ‘En martes, ni te cases, ni te embarques’, para muchos está asociado a la mala suerte (de acuerdo con la creencia popular), pero aquí será todo lo contrario, ya que bien dicen que lo prohibido o peligroso… ¡es más sabroso!

 

Les doy la bienvenida a esta columna que hoy arranca, les contaré varios relatos, con toques de realidad y ficción, que dejarán mucho a la imaginación.

 

Estamos en plena pandemia del coronavirus, todo estaba cerrado en Puebla hasta hace unos días.

 

Así como había quienes pedían a gritos la apertura de los restaurantes y centros comerciales, hubo quienes extrañaban la pasión que se vive en los moteles.

 

Si bien, somos un estado ‘mocho’, por los numerosos templos religiosos, también tenemos en gran cantidad moteles para desahogar nuestras más bajas pasiones.

 

Tras el anuncio de que estos lugares tenían que cerrar, se volvió un verdadero reto encontrar una habitación, ya no importaba si era con jacuzzi, tubo o sillón del kamasutra, con que tuviera una cama bastaba.

 

Se volvió tan clandestino el acceso, que hasta nos hizo sentir traficantes de droga ¡como si vivir nuestra sexualidad fuera un delito!

 

Todos somos humanos, y el sexo es una necesidad tan parecida a comer, no distingue clases sociales.

 

Apenas pasó una semana cuando los moteles cerraron, así me lo relató [email protected] [email protected], quien esperaba la visita de su amor universitario, por lo que no podía dejar pasar la oportunidad.

 

Se dio a la tarea de investigar, después de tanto buscar, lo encontró ahí por el distribuidor vial de Cholula, la siguiente parte de la historia la guarda en el corazón.

 

Y claro que para poder relatar lo que aquí les escribo, me di a la tarea de visitar algunos de estos moteles ¡conste que solo para documentar la información!, ¡ehhhh!

 

Acudí a uno que está por la terminal de autobuses Oro de avenida Reforma, en la Colonia que inspira, sí, ‘Amor’, y me percaté que entre las nuevas medidas de prevención: hay módulos de agua para lavar las manos, aplicar gel antibacterial y un letrero en donde se pide usar cubrebocas; por supuesto que todo eso a nadie le importa, lo que quieres es entrar a tu habitación ¡ya!

 

Por dentro todo igual, nada extraordinario, salvo un letrero que te dice los riesgos del nuevo virus, pero hasta ahí y lo demás ya se lo saben, sí, ¡todo muy bien!

 

Hasta aquí este primer relato, los que siguen amenazan con subir de tono. No olviden echar a volar su imaginación, es gratis y genera bastante placer, pero claro en la realidad es un deleite.

 

Por Eduardo Quiterio/ @Lalo_quiterio


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